De montañas, bosques y “romegueres” o la búsqueda de un refugio

Article Anna Dot December 24, 2012
Mimosa Echard
December 24, 2012

En la ciudad condal hace meses que hay pistas de una determinada tendencia que se manifiesta en contextos de ámbito cultural. Una tendencia que, aunque yo no sé de nadie que se atreva a definirla, hay quién propone investigarla desde una observación a las maneras de hacer y símbolos que esta predica. Seguramente porque no se ha hablado del todo, nadie tiene claro qué es lo que exactamente pasa, aunque las pistas son fácilmente visibles: hay una apropiación de la imaginería de la natura. Podríamos decir regreso, pero no creo que se trate de un regreso, en el sentido más estricto de la palabra, puesto que aquellos quien de alguna manera siguen la tendencia no tienen por regla general un pasado relacionado con estos símbolos.

Si bien la exposición “Monument. Lladres de filferro”, con obras de Jordi Mijtà y comisariada por David Armengol, ya apuntaba un poco hacia estas directrices, -aunque se centraba en la práctica de un caso concreto y real del ámbito rural, como es el trabajo de Josep Pujiula en el bosque de Can Sis Rals, apropiado por un artista y trasladado a la capital catalana-; en un pequeño y acogedor taller del Gótico de Barcelona ha habido una segunda exposición encaminada también hacia este mismo marco conceptual.

A Place No Cars Go, fotografia de Quim Packard

A Place No Cars Go, fotografia de Quim Packard

Se trata de “A Place No Caros Go”, comisariada por Quim Packard y llevada a cabo en su propio taller. Con el título de una canción del grupo Arcade Fire, haciendo así implícitos unos determinados conceptos legibles por aquellos que conozcan el tema musical, se han reunido obras de diferentes artistas: desde pinturas de Pere LloberaMercedes Mangrané, hasta columpios de Guim Camps, pasando por el salto directo a la naturaleza propuesto por Gerard Ortín o el hilo musical de la exposición y de tono folky seleccionado por David Armengol.
Packard toma el personaje de Kurt Cobain para interpretar su biografía como un tipo de metáfora de lo que quizás está pasando, un tipo de contradicción entre aquello que uno cree, aunque desconoce, y aquello que se supone que es su realidad más incómoda. Y es justamente esta contradicción lo que distancia esta tendencia de lo que pudo ser en su momento el movimiento hippy: esta vez, y por lo menos hasta ahora, nadie ha dado el paso de dejar la ciudad para irse a vivir en medio de un bosque, donde todo nos es salvaje y desconocido por más bonitas que puedan ser las montañas, tal y cómo pone de manifiesto la obra de Ortín, “Intravía”, tan bien narrada en este artículo de Caterina Almirall para A*Desk.

Imatge de la sèrie "Saskia, Andrez", de Wytske van Keulen

Imatge de la sèrie "Saskia, Andrez", de Wytske van Keulen

De hecho, la decadencia de aquel movimiento hippy es algo que también tiene un lugar en la exposición, por parte de la serie de diapositivas del proyecto “Saskia, Andrez”, de Wytske Van Keulen. Y si bien en el contexto del origen de la época hippy, su nacimiento estaba claramente justificado por el momento político y social en el que se vivía, la tendencia de la que hablamos actualmente también está bien justificada y es que se puede interpretar esta apropiación de los símbolos de una naturaleza (que no deja de estar idealizada) como la búsqueda de un refugio, de un lugar donde salvarse, aunque sea tan sólo mediante la evocación de los contextos rurales. La historia que narran las diapositivas de Van Keulen también habla de la investigación de un lugar ideal en la natura, donde poder vivir.
De alguna manera, la tendencia de la que hablamos no deja de ser una visión infantil e ingenua, incluso lúdica como demuestran los columpios de Guim Camps (aunque a la vez peligrosa) colocados en medio del taller de Packard.

Els gronxadors de Guim Camps el dia de la inauguració. Fotografia de Joan Morey.

Els gronxadors de Guim Camps el dia de la inauguració. Fotografia de Joan Morey.

Por otro lado conceptos como la domesticación de la natura, y la preparación para lo que pueda ser este retorno a los ámbitos rurales, son ideas también trabajadas por las pinturas de Mercedes Mangrané y de Pere Llobera, en el primer caso; y por Eva Engelbert, con el vídeo “Tomorrow”, en el segundo.

“A Place No Cars Go” no sólo ha constado de la exposición sino que además ha ido acompañada de una mesa redonda alrededor de la figura de Kurt Cobain en relación a la obra de Van Kreij, la presentación del proyecto a A*Desk y las proyecciones de las películas “Gerry”, de Gus van Sant y “Into the Wild”, de Sean Penn.

Voy por Barcelona y veo la exposición de Quim Packard en todas partes -por Rambla Cataluña un skater lleva uno gorro en forma de cabeza de oso; en el Festivalet las Coleccionistas venden unos pañuelos de seda con la imagen de unas montañas; en un escaparate, un vestido de ciervos; y más arriba, en otra tienda, un jersey con un zorro. Y podría seguir- pero llego a Torelló y ya no le veo tanto: aquí, donde el frío es más real y los días de niebla espesa ganan por mayoría, la mirada a la naturaleza se hace de otro modo (y tampoco es que estemos aislados del mundo, tenemos internet). Los conciertos habituales son los de hardcore y punk en l’Eclèctic y en los cines Sucre no todas las películas tienen cabida. Y no sólo esto, sino que incluso pensando en la exposición “Ruralitats”, llevada a cabo en ACVic durante los meses de verano, la mirada a la naturaleza se hacía desde dentro mismo de ésta y de una forma vital porque el mismo contexto desde el qué se trabajaba era rural. Con esto no quiero decir que sea una tendencia propia de Barcelona, puesto que el éxito de películas como “Moonrise Kingdom” o “Where The Wild Things Are” (para citar casos más comerciales) o el auge de la música folklore con grupos como Fleet Foxes (tocando en un Auditorio de Bcn lleno a rebosar el pasado Primavera Sound), Monsters of Folk o Edward Sharpe and The Magnetic Zeros, para poner sólo algunos ejemplos fáciles, demuestran todo el contrario. Pero sí que es cierto también que en los contextos rurales no es tan visible esta apropiación y es posible que nos encontremos hablando de una tendencia de origen claramente urbano.

Obra de Mimosa Echard. Fotografia de Joan Morey.

Obra de Mimosa Echard. Fotografia de Joan Morey.

4 Comments

  1. Blai 24 24UTC December 24UTC 2012 20:06 08Mon, 24 Dec 2012 20:06:26 +000026.

    No tinc massa clar, el fet que a la comarca no estigui arribant aquesta idea neo-rural però alhora urbana i que va a ritme de folk. Mates Mates jo ho entendria com una espècia de ruralitat o fins i tot els videos de l’Hereu Escampa juguen en el fet de fugir i anar a la muntanya més alta que troben a tocar o a beure…
    És cert que no som Barcelona i aquí encara tenim zones verdes a pels voltants, però si que l’esperit rural es comença a respirar i segurament tot és qüestió de que l’onada, vagi arribant.

  2. Anna Dot 25 25UTC December 25UTC 2012 09:57 09Tue, 25 Dec 2012 09:57:39 +000039.

    Sí, però és diferent. Potser m’equivoco però juraria que els mates i l’hereu fan música que es ven majoritàriament a barcelona. I crec que la tendència musical a la comarca passa per sobre dels mates i l’hereu i guanya més força en el moviment punk i hardcore, no ho sé, pensa en l’ewoking o el sucre illegal fest. No pensis en nosaltres, pensa en els que viuen cada dia aquí.
    Ah, i Pablo Maestres, que va fer el clip dels mates per exemple, no és pas de la comarca, encara que el vídeo es vingués a rodar aquí i els que fan la música siguin de vic. Per mi, com si els fleet foxes són del poble més remot i rural d’Amèrica, l’interessant és veure on es ven aquesta música que fan.
    Jo aquí no hi veig la tendència aquesta més de caire ingenu que veig a bcn i que no anomenaria esperit rural.

    El que hi ha aquí pot ser una onada similar, per això menciono l’expo de ruralitats, però crec que hi contrasta en força coses, potser el què hi ha aquí sí que es podria dir “esperit rural” i que té a veure amb qüestions tan simples com el lloc on viuen i què els hi permet el territori, que barcelona no permet.

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