Morir de frío

Sobre la exposición “eCLIPSE” – Crítica y entrevista

Este es un post muy largo y prefiero avisar. Es largo porque me interesa y porque enmedio hay la entrevista que hice a Carlos Navarro, comisario de la exposición de la que os hablo en este texto. Ahora ya está, ya sabes a qué te enfrentas, quien avisa no es traidor, ni traidora.

La exposición

Desde el 3 de Julio hasta el 22 de Octubre se encuentra en Laboral, Centro de Arte y Creación Industrial, situado en Gijón (Asturias), la exposición “eCLIPSE. (Retro)perspectiva en 50 fases del vídeo musical”, comisariada por Carlos Navarro. Una sala enorme del gigantesco centro (en total son 14.000m2) es dedicada al videoclip. Además de los 50 clips seleccionados como “esenciales” de esta disciplina, hay una interesante sala de documentación, en la que se encuentra material bibliográfico y una serie de clips musicales de realizadores españoles recopilados por el XXV Aniversario del Concurso de Maquetas convocado por el Gobierno del Principado de Asturias. Entre otros, estaba allí también el libro “Música para tus ojos”, de Javier Panera, de quién hablamos en la reflexión posterior a la mesa redonda, que traía el mismo título que el libro, celebrada dentro del marco de Screen Forum Pro.

La exposición se divide en 6 grupos ordenados cronológicamente: “1975. Los pioneros”; “1981. Nace la Music Television”; “1983. El clip se hace mayor”; “1992. Aparecen los autores”; “1998. ¿Y ahora qué?”; y un final “2005. El futuro está en la nube”; además de contar con dos monográficos dedicados a Michel Gondry y a Chris Cunningham. Entre épocas y monográficos se han reunido un total de 50 vídeos musicales y el seleccionado para darte la bienvenida al entrar a la sala es el clip “Bohemian Raphsody”, de Queen, realizado por Bruce Gowers el 1975. Este y algunos otros videoclips hechos con el claro objetivo de vender música formaban parte del grupo de Los Pioneros.

La segunda época, del 1981, hace referencia al nacimiento de MTV y evidentemente el clip que no podía faltar es el que dio el toque inaugural a la cadena americana convirtiéndose en toda una declaración de intenciones: “Video Killed The Radio Star”, de The Buggles, realizado por Russell Mulcahy el 1979.

A medida que una va entrando dentro de la sala, se va acercando a una pared en la que se ven diez pantallas y unas letras enormes dicen: GONDRY. Sí, nos acercamos al primero de los monográficos dedicado al francés Michel Gondry. Antes, visionamos ejemplos de la saturación de efectos digitales tan propia de la época de los 80, -como se pone de manifiesto en el clip “Hard Woman”, de Mick Jagger, realizado por Digital Productions el 1984- que se contrarresta a continuación por un tipo de vuelta “responsable” a lo analógico, por parte de vídeos como el de “Sledgehammer”, de Peter Gabriel, realizado por Stephen R. Johnson, Brothers Quay y Nick Park el 1986.

Y finalmente (sólo es un decir, todavía no se acaba) llegamos al monográfico de Gondry al que veíamos como nos aproximábamos de lejos y a paso lento. Diez pantallas y diez auriculares para diez vídeos. Ningún lugar donde sentarse. Gondry es un gran realizador de vídeos musicales. Pero ver diez de sus vídeos de pie en el frío espacio de la sala de exposiciones y teniendo que ir sacando y poniendo auriculares, agota. Y todavía más si sabes que estás en medio de la exposición y que todavía te falta la mitad. Aun así el trabajo de Gondry consigue poner de buen humor a cualquiera y se tiene que decir que si me los miré todos enteros, fue porque quise. La eternidad y un día más tarde, acabamos con el primer monográfico para pasar a los autores de los años 90, como Jonathan Glazer (realizador del clip “Rabbit in your Headlights”, de UNKLE, 1998), o Grant Gee (realizador de “No Surprises”, de Radiohead, 1997).

El 1998, que en la exposición es marcado como el inicio de una nueva época caracterizada por un cierto amateurismo y cultura del do it yourself, se ejemplifica con vídeos como el de “Praise You”, realizado por Spike Jonze para Fatboy Slim.

Y antes de llegar a la etapa final, la del 2005, la que hace referencia a la “nube”, nos encontramos con el segundo de los monográficos, dedicado a Chris Cunningham. De los 5 vídeos tan sólo funcionaban 2 y uno de ellos era el estético “Only You”, de Portishead. Y ahora sí que finalmente (dicho seriamente), llegamos a la parte final, aquella que vincula el videoclip con otras disciplinas, como pueden ser el videoarte, y en la que se hace una pequeña referencia a Internet y los cambios que han sucedido en el mundo del vídeo musical al ser este producido para ser visionado en la red. Entre estos encontramos al del español Kike Maillo para el tema “Lógico que salga mal”, de Manos de Topo; y al de “Uni Acronym”, de Alva Noto y realizado por Carsten Nicolai el 2011.

A partir de mi visita a la exposición, me surgieron muchas dudas al respeto y que pude preguntar directamente al comisario Carlos Navarro. A continuación, tenéis mis preguntas y sus respuestas:

La entrevista

¿Por qué 50 videoclips? Podrían haber sido 20 o podrían haber sido 100. ¿Por qué 50?
Fue una decisión aleatoria, pero no caprichosa. Efectivamente tanto yo, como Rubin Stein, mi colaborador en la selección de obras, buscábamos un número “manejable” de clips. Nuestra primera lista incluía 67, pero dificultades a la hora de obtener los derechos, o copias más o menos decentes técnicamente nos llevó a dejar la cifra en 50, pero efectivamente, es un número discutible.

Estarás de acuerdo en que escoger siempre implica descartar. ¿Qué criterios selectivos has seguido?
Tenía muy claro que por un lado debía haber un criterio de índole histórico y en ese sentido estudiamos gran parte de la bibliografía existente sobre el concepto de video-clip, y por otro, un componente mucho más personal que hiciera, de esta selección, una exposición única. La elección de los dos monográficos dedicados a Michel Gondry y a Chris Cunningham responde a este segundo criterio. En mi opinión, nos encontramos ante dos de los más grandes realizadores de vídeos musicales de todos los tiempos. La última parte de la exposición, dónde se recogen nuevas tendencias y los caminos vinculadas a “la nube”, intenta orientar al espectador hacia lugares menos transitados y alejados del mainstream, pero en definitiva, en los puntos de unión que puede tener el clip con otras artes visuales.

La exposición empieza con lo que son los primeros clips comerciales, aquellos con los que la cadena americana MTV también empezó. Lo comprendo, pero heché de menos alguna referencia a un Bruce Conner, considerado “padre de la MTV” por el impacto que tuvieron sus videos musicales. ¿Por qué crees que Conner no tiene cabida en la exposición?
Una de las máximas de la expo es ese adagio tan conocido que reza “no están todos los que son, pero sí son todos los que están”. Si hubiera 100 comisarios de una exposición, habría 100 selecciones distintas. Sin duda, en eCLIPSE faltan obras y autores, pero las limitaciones espaciales, funcionales y técnicas son mucho más tozudas que los intentos de diseñar una expo perfecta. Me gustaría poder convencer a todo el mundo de que las 50 obras que se exponen están entre las mejores y más importantes de este arte visual. Aunque sin duda, falten algunas, creo que no sobra ninguna.

Realizar una lista nunca es fácil, ¿tuviste dudas sobre los videoclips elegidos, o tenías muy claro cuáles debían estar allí?
Hubo dudas y discusiones, por supuesto. E incluso hubo un monográfico que se cayó porque no fuimos capaces de obtener los derechos de exhibición.

En la exposición hay dos monográficos: uno de Michel Gondry, con 10 clips; y el de Chris Cunningham, con 5. Sabemos que son autores muy importantes para el mundo del videoclip, pero en la expo se les dedica mucho más espacio que a los demás autores elegidos. ¿Por qué se pusieron estos dos monográficos dentro de la retrospectiva y no en un concepto a parte, como por ejemplo el caso del interesante material que se encuentra en la Sala de Documentación?
Como te decía antes, hay una parte de la labor de comisariado que tiene que ver con la óptica personal. Los monográficos parten de este compromiso. eCLIPSE tiene el objetivo de elevar el videoclip a la categoría de arte visual, y tanto Gondry como Cunningham lo han situado en cimas estéticas y poéticas que no tienen nada que envidiar a disciplinas consideradas mayores como el cine. Los planos-secuencia del francés, o las bizarras imágenes del británico son, en mi opinión, arte en estado puro. Sus obras van más allá del objetivo inicial de un video musical que se podría definir como “vender” una canción, un álbum o un intérprete.

En la hoja de sala se deja muy claro que la historia no son todos los que se encuentran en la exposición, pero éstos sí que son parte de la historia. ¿Qué otros videoclips que no forman parte de la retrospectiva crees que son importantes para esta disciplina?
Esta es una pregunta a la que preferiría no responder. Si la expo se llamara eCLIPSE, (retro)-perspectiva en 100 fases del video musical, hubieran entrado en la selección 50 obras más que aquí fueron “abortadas”, pero como tú decías al principio, ¿dónde estaría el límite?

Por lo que a la última parte se refiere, me parece muy interesante la vinculación de determinados clips con la videocreación o videoarte. Es evidente que estos últimos ya no han sido hechos estrictamente para la televisión. ¿Cómo crees que ha afectado al sector del videoclip la aparición y propagación del uso de Internet? ¿Cuál crees que es el futuro del videoclip?
Internet es en mi opinión el invento más trascendente del siglo XX, pero eso no quiere decir que todo lo que se divulgue en la red sea importante o merezca respeto. Iniciativas como el “fan video” , que desarrollan muchos artistas como Radiohead o Sigur Ros, a través de la nube, en la mayoría de las ocasiones tiene un componente más cercano a la mercadotécnia que a los presupuestos artísticos. Pero sí, que es verdad, que han llegado a dar a conocer obras interesantes. Personalmente sigo prefiriendo las obras de artistas que se encargan de ilustrar una obra musical, lo que resulta indiscutible es la proyección que esa obra puede tener en pocas horas, gracias a Internet, sin los intermediarios, casi siempre interesados, de las cadenas televisivas. Esa era la forma que teníamos de ver clips a finales del siglo XX, y afortunadamente esas cortapisas y censuras previas han desaparecido. El futuro, sin duda, se encuentra en Internet, aunque a veces la democratización de los canales de distribución y exhibición produzca “monstruos”.

¿Cómo explicarías la presente situación de la MTV? Es evidente que ya no es lo que era, ¿crees que es debido a que el videoclip ya no se realiza para la televisión, sino que se consume por la red?
La deriva hacia el docu-reality de la MTV es sencillamente lamentable, pero no es la única cadena de la que se podrían hablar horrores. Evidentemente “Internet killed the MTV Star”, parafraseando el famoso clip de The Buggles que inauguró las emisiones de la Music Television, allá por 1981.

¿Qué opinas de los videoclips interactivos que hace ya un tiempo van apareciendo por Internet, como el reciente “Feistodon”, de Vice Cooler; “Give it to me”, de Singtank dirigido por Barbara Soumet-Lehman; o incluso des de la MTV, el vídeo para Death Grips, “I’ve Seen Footage”? ¿Crees que se pueden seguir considerando videoclips? Y ¿opinas que en una hipotética segunda retrospectiva del videoclip, podrían encontrarse trabajos de este tipo?
Efectivamente uno de ellos lo valoramos para incluirlo en la selección pero nos ofrecía problemas logísticos a la hora de exhibirlo en la sala. Me parecen iniciativas interesantes, pero en mi opinión se deben quedar ahí, como experimentos muy respetables y simpáticos. Sigo confiando en los videoclips como obras surgidas de la mente, obsesiones o paranoias de un artista, y en su creatividad para plasmarlas. No me gustaría dinamitar el concepto de autor.

Ya para acabar, y como opinión personal, pienso que una exposición de estas características hubiera podido tener mucho sentido si se hubiera realizado on-line. ¿Qué me dices?
No puedo estar de acuerdo. Uno de los objetivos de la expo es dotar a cada clip del diálogo que se debe establecer entre una obra de arte y su “admirador”, en el sentido estricto de la palabra. Individualizar la obra, concederle un espacio en la casi sacrosanta sala de exposiciones de un museo le confiere categoría y capacidad de focalización y atención. Si lo hubiéramos hecho on-line, hubiéramos perdido la ocasión de crear un estado de contemplación imposible de conseguir en tu habitación frente a una pantalla de ordenador con un timbre sonando, el móvil mandándote mensajes o los vecinos discutiendo. El respeto que estas obras visuales se merecen es el mismo, en mi opinión, que debe tener una ópera en un teatro, un cuadro en el Prado, o una película en una sala oscura.

Conclusiones

La construcción de la historia es una acción delicada. Este hecho ha quedado bastante claro sobretodo dentro del contexto de la historia del arte, y es que las obras que quedan “dentro” son tesoros ya por siempre jamás: se estudian a bachillerato, salen en la selectividad y te los tienes que saber. Hace años que se levanta muchísima polémica alrededor de este tema, denunciando, por parte de muchos grupos sociales diferentes que “La Historia del Arte” es la historia de una producción artística muy concreta, totalmente occidental y masculina. Y más allá de esta Historia del Arte, hay toda una multitud de obras que quedan fuera de campo y que allí se encuentran, afuera.

Hacer una exposición retrospectiva y que quiere ser un repaso por la historia de x, pasa por un proceso legitimador que dice “de acuerdo, todo eso sí que vale y es suficiente bueno como para pasar a ser algo representativo de una época”. Por más que se deje claro que a lo largo de la historia no ha habido sólo esto que se muestra, y que ha habido mucho más; todo aquello que no se expone en nuestra retrospectiva se queda fuera. Y es por eso que es un trabajo de gran responsabilidad política, y muy ambiciosa, llevar a cabo una exposición con las piezas “esenciales” que han ocurrido a lo largo de la historia de una disciplina.

Seguramente para llevar a cabo una acción de este tipo, facilitaría las cosas si dejáramos muy claro en qué termas nos hemos basado, qué criterios hemos usado para la nuestra elige. Escoger siempre implica descartar, es inevitable, y, o bien dejamos muy claro que es una selección totalmente subjetiva que intenta ir por tales parámetros pero que no se trata esencialmente de la historia de x; o bien explicamos por qué ha habido tantos que se han quedado fuera.Todo esto escrito hasta ahora puede parecer muy nihilista, exigente o incluso quizás utópico, pero es que hacer una elección de lo más representativo de la historia me parece que es pasar de largo e ignorar todo lo qué se ha movido en este sentido dentro de los contextos, por ejemplo, de la Historia del Arte.

Seguramente para llevar a cabo una acción de este tipo, facilitaría las cosas si dejáramos muy claro en qué termas nos hemos basado, qué criterios hemos usado para la nuestra elige. Escoger siempre implica descartar, es inevitable, y, o bien dejamos muy claro que es una selección totalmente subjetiva que intenta ir por tales parámetros pero que no se trata esencialmente de la historia de x; o bien explicamos por qué ha habido tantos que se han quedado fuera.Todo esto escrito hasta ahora puede parecer muy nihilista, exigente o incluso quizás utópico, pero es que hacer una elige de lo más representativo de la historia me parece que es pasar de largo e ignorar todo lo qué se ha movido en este sentido dentro de los contextos, por ejemplo, de la Historia del Arte.

Tanto la entrevista como la visita a la exposición me han parecido realmente experiencias muy interesantes y satisfactorias, que me han permitido dar cuenta de cómo de contrastada es mi opinión en relación a la del comisario Carlos Navarro. Así como él ve clarísimo que la exposición no podría funcionar on-line, tal y cómo argumenta en su última respuesta; yo soy más del parecer que una exposición de estas características -no me refiero al concepto de retrospectiva, que ya acabo de hacer evidente que tampoco estoy de acuerdo, sino al hecho que son 50 vídeos, algunos de los cuales pasan los 10 minutos y hay una gran cantidad de pantallas que te tienes que mirar derecha, puesto que no hay lugar donde sentar disparo del tierra- podría ser mucho más interesante portada a la red y si cada usuaria podara acceder desde donde quisiera y cuando quisiera. De alguna manera estoy segura que facilitaría mucho más la “contemplación” de los vídeos, de la que el comisario Navarro nos habla, si cada cual la podara llevar a cabo dentro de la comodidad de casa suya, tirón al sofá, por ejemplo. Que para disfrutar del arte una no se tiene que martirizar, por más que haya quien se emperre en querer convertir los museos en las nuevas iglesias legitimadoras de todo aquello que se encuentra en su interior. Hay proyectos de comisariado on-line que funcionan perfectamente, como por ejemplo Stuffinablank, y nadie duda que el que se muestra en esta plataforma no sea arte.

Sea como fuere, lo que se hace evidente es que si algo compartimos Carlos Navarro y yo es este aprecio por el videoclip que, cada cual a su manera, hace que respetemos y admiremos a los artistas que trabajan en este determinado sector.

Ale, ¡viva el videoclip!

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